"Se fue a la cama pensando en cosas bonitas, en él. Retuvo durante unos
minutos el sueño, pensando en su torso desnudo, en su mirada etérea, en
su sonrisa excitante. Ahuecó la almohada y se recostó, no tardó mucho en
dormirse. Una vez en el sueño, se hallaba en un paisaje exótico,
bonito, colorido. Habían troncos rosas, hojas moradas, flores de todos
los colores del arcoiris. Criaturas extrañas como ellas solas. Habían
unos tigres del tamaño de perros y de color negro, preciosos. Luego
habían aves que sobrevolaban el cielo y cubrían toda la superficie del
sol, de lo enormes que eran.
Flotaba un ambiente pacífico, sin temor.
Todo era muy extraño, sacado, casi, que de la cabeza de algún enfermo
de manicomio. Era bonito en cierto modo. Pasó un instante en aquel
lugar, hasta que un ser mitad caballo, mitad lobo se abalanzo sobre él
en gesto amistoso y le hizo caer al suelo. Justo en ese momento, se
despertó sobresaltado.
Al recordar aquello rió disimuladamente.
Observó a su alrededor aquel apartamento, oscuro, sombrío, frió. Y
decidió que viviría por siempre en los sueños, allí era feliz y podía
ser lo qué quisiera ser."
Fotografías: Monasterio de Simat de la Valldigna y alrededore.